Y ahora sí, por el principio…

Y ahora sí, por el principio…

Éste será un post con conceptos muy básicos (otros no tanto): lo que deberías saber de tu cámara antes de empezar a hacer fotos con ella. Así que sácala de la funda que empezamos.

La primera recomendación que es que leáis el manual de vuestra cámara. Sé que es muy aburrido y lo que apetece cuando la desempaquetas es salir a probarla. Sin embargo, enseguida os daréis cuenta de que tanto botón os sobrepasa y no conseguiréis mejores resultados que con una compacta. Coged la cámara, el manual y comprobad para que sirve cada botón, rueda y display. Cuando lo acabéis no os olvidéis de él. Llevadlo siempre en la bolsa de la cámara y os salvará de muchos apuros.

Aunque vamos a ver conceptos válidos tanto para fotografía digital como analógica, sé que la mayoría usaréis réflex digitales. Así que, ahí va una recomendación: no hagáis las fotos solamente en jpeg. Configurad la calidad para que grabe RAW+jpeg. Al final usaréis solo el RAW. Este formato, que probablemente ni reconozca todavía el ordenador, se convertirá en vuestro mejor amigo. La fotografía digital también hay que revelarla, la ventaja (o desventaja) frente a la analógica es que lo harás en casa con tu ordenador. Ajustarás contraste, niveles, saturación, etc. “Ningún” fotógrafo utiliza el jpeg que genera la cámara. Así que, aunque de momento no sepas ni abrirlo, guárdalos, porque es el archivo que contiene toda la información “en bruto” (sin procesar ni comprimir) que capta el sensor de tu cámara y en un futuro los echarás de menos si no los tienes.

Sé que lo que voy a decir es una obviedad, pero físicamente la fotografía consiste en captar y plasmar la luz. La manera más rudimentaria de conseguirlo es mediante una cámara estenopéica (“pinhole camera” en inglés). Consisten en una caja con una pequeña abertura, que se tapa y se descubre para que la luz pase y se proyecte sobre una película fotosensible. Puede parecer un mecanismo sencillo, pero a excepción de una lente, posee los mismos elementos básicos que una cámara moderna: el cuerpo (caja oscura), el diafragma (agujero), el sensor o película y el obturador (tapa).

– El diafragma o ¿Qué narices son esos números? Probablemente, la fotografía sea la forma de expresión artística con un mayor trasfondo técnico y científico. Si me preguntas a mí, es un hecho que la hace aún más emocionante. También es la razón por la que encontramos abreviaturas extrañas, nombres y números a priori desconcertantes.

La apertura de diafragma es el “diámetro” (no es un círculo, las láminas del diafragma forman un polígono, de lados rectos o curvos) del orificio a través del cual pasa la luz. Se controla mediante el diafragma. Es un elemento que está compuesto por varias láminas que se entrecruzan dejando una abertura central variable en tamaño. De este modo se permite la entrada de mayor o menor luz.

Como ya os habrán dicho, o habréis deducido por la foto de arriba, un número más pequeño representa una abertura más grande y viceversa, pero ¿Por qué? En el símbolo f/x, “x” es el cociente entre la distancia focal y el diámetro de la abertura. Por tanto, el número que representa la luminosidad de un objetivo es inversamente proporcional al diámetro: cuanto más pequeño es el diámetro más grande será el número que lo represente. Por otro lado, es directamente proporcional a la distancia focal. Si ésta aumenta, mayor será el número.

Por ejemplo, vamos a hacer unos cálculos para el objetivo de las fotos, que es un 50mm. Hallaremos el diámetro necesario para conseguir la mayor apertura de diafragma que tiene, que es f/1.4

¿Qué pasa si disminuimos el diámetro de la apertura de diagragma? Vemos que aumenta “x” (número más grande, abertura más pequeña)

Lo mismo ocurrirá si aumentamos la distancia focal, para el mismo diámetro:

Como podéis comprobar 4.76 no es un número que aparezca en vuestras cámaras. La razón es que los diafragmas de los objetivos se construyen para que estos números (pasos de diafragma) sigan unos valores comunes, una serie: f/1 – f/1.2 – f/1.4 – f/2 – f/2.8 – f/4 – f/5.6 – f/8 – f/11 – f/16…  El motivo es que cada paso de diafragma hacia arriba o hacia abajo deja pasar la mitad o el doble de luz que el anterior. Por tanto, aunque haya objetivos como el que veis en las fotos que tienen medios pasos (no es lo normal), lo que está marcado son los pasos completos.

Primero, me gustaría desmentir la leyenda urbana de que no existen aperturas menores que f/1. No sé quién ni porqué empezó a circular este rumor, pero como podéis ver en las ecuaciones no hay nada que físicamente lo impida. “Solo” es necesario que el diámetro de la apertura de diafragma sea mayor que la distancia focal. De hecho, existen objetivos con aperturas de diafragma de f/0.95, como el Leica Noctilux 50mm o el Canon 50mm “Dream Lens”. Incluso Carl Zeiss fabricó 10 objetivos de f/0.7 para la NASA. Alguno de ellos acabó en las manos de Stanley Kubrick, quien lo modificó y usó para filmar a la luz de las velas en Barry Lyndon. Otra cuestión es el precio: más de 7000€ el Noctilux. El Canon ya no se fabrica.

Pero ¿Cómo afecta a mis fotos usar una apertura u otra? Esta elección tendrá unas consecuencias clave en las fotografías que obtengamos. Como hemos visto antes, cuanto más abierto esté el diafragma más luz entrará a través del objetivo y menor tiempo tendremos que tener abierto el obturador. Sin embargo, hay otros factores en los que influye la apertura de diafragma: uno de los más determinantes es la profundidad de campo (PDC) o depth of field (DOF) en inglés. Es la distancia total que aparece enfocada en la fotografía, suma de la sección enfocada delante y detrás del foco. Cuanto mayor sea la apertura de diafragma menor será la profundidad de campo. Aunque el factor más determinante es la apertura de diafragma, también influyen en ella la focal (en realidad no, pero la explicación la dejaremos para el curso avanzado, en la práctica sí es un recurso válido) y la distancia al punto de enfoque.

Aquí tenéis un esquema de cómo varía la profundidad de campo en relación a la apertura:

Como podéis apreciar en el esquema siempre habrá más sección enfocada detrás del foco que delante.

Dependiendo del efecto que queramos conseguir seleccionaremos una apertura u otra:

En el ejemplo de abajo, he usado una apertura de f/1.4 (muy grande) y por tanto, una profundidad de campo muy pequeña, para conseguir un desenfoque muy pronunciado. Este recurso (enfoque selectivo) lo usaremos para centrar la atención del observador en una zona que nos interese. Se utiliza mucho en retratos, fotografía publicitaria, etc. Si queréis profundizar un poco más en los desenfoques extremos visitad la entrada del blog dedicada al bokeh

Las últimas del invierno

En la siguiente foto, donde la apertura es de f/11 (pequeña), podemos apreciar “todo” el paisaje enfocado:

Great Wall

Otro concepto a tener en cuenta es la hiperfocal: para cada distancia focal y apertura de diafragma existe un punto del enfoque donde la profundidad de campo es máxima, casi todos los elementos de la fotografía aparecen enfocados. Es muy útil sobretodo en la fotografía de paisajes. La mayor diferencia al usar la hiperfocal frente a al enfoque a infinito, la obtendremos en la nitidez de los objetos del primer plano que aparecerán ligeramente más enfocados.

No os agobiéis con esta ecuación, porque ahora os pondré algunos enlaces con unos programas para calcular la distancia hiperfocal sin tener que usar la fórmula. Lo normal es usar tablas o aplicaciones para el móvil en lugar de esta ecuación. La razón principal es la complejidad para determinar el diámetro de confusión, que se define como el mayor círculo que el ojo es capaz de apreciar como un punto y por tanto, es un concepto subjetivo. Además de variar con la sensibilidad del sensor, distancia focal, ampliación de la fotografía, tamaño del sensor, ojo del observador y un largo etcétera. Así que se usan tablas con valores estándar y así no nos complicamos la vida.

Aquí tenéis un pequeño programa on-line para calcular la profundidad de campo e hiperfocales: Calculadora profundidad de campo

De esta misma página web podéis descargar unas aplicaciones muy útiles para iphone y android: www.dofmaster.com

El último concepto relacionado con la apertura de diafragma que vamos a ver es el “sweet spot“, el “punto dulce” de un objetivo. Es la apertura de diafragma para la que obtenemos un mejor rendimiento de nuestras lentes: mayor contraste, nitidez, menor viñeteo, etc. Es característica de cada objetivo. Una prueba que podéis realizar en casa para averiguarla es montar la cámara en un trípode e ir tomando fotografías empezando por la mayor apertura hasta llegar a la más cerrada. Comprobaréis como poco a poco la imagen ira ganando contraste y nitidez hasta llegar a un punto en el que son máximas (sweet spot). Si seguís cerrando el diafragma observaréis como, de nuevo, la imágen vuelve a perder nitidez. Esto es debido al efecto de la difracción que sufre la luz al pasar por una abertura tan pequeña.

– El obturador: Es el elemento que regula la duración de la exposición, es decir, el tiempo que nuestra película o sensor están expuestos a la luz. Se mide en segundos. Sin embargo, como ya habréis visto, el número que aparece en el visor de la cámara no se corresponde con el tiempo que está abierto el obturador ¿O sí? Cuando vemos en la pantalla un 500 no significa que vayamos a hacer una exposición de 500 segundos, en realidad la  duración será de 1/500 de segundo (0,002 segundos).

Si giramos la rueda que controla la velocidad de obturación hacia la derecha los números serán más grandes y por tanto exposiciones más cortas, llegando hasta los valores máximos de nuestra cámara: 1/4000, 1/8000, etc. Ésta es la velocidad más elevada a la que se abrirán y cerrarán las laminillas del obturador.

Si giramos la rueda hacia la izquierda bajaremos la velocidad de obturación. Los números serán cada vez más pequeños 10, 8,  6, 5, 4, 3, hasta llegar a un punto en el que, en lugar de solo un número, aparezca 0”4. Esto significa que la notación ha cambiado, el tiempo ya no se representa con fracciones de segundo como antes. Las comillas son el símbolo del segundo, por tanto, lo que leeremos será 0 segundos 4 décimas, ó 0,4s. Si continuamos girando llegaremos a los tiempos de exposición más altos: 30” y bulb. 30 segundos es el tiempo de exposición máximo que puede controlar la cámara de manera autónoma. Con la función “bulb” el obturador estará abierto el tiempo que nosotros dejemos pulsado el disparador. Sin embargo, ésta es una técnica muy poco recomendable porque, aunque usemos un trípode, al pulsar el disparador con la mano moveremos la cámara y la foto saldrá trepidada (movida). La recomendación es que si necesitas usar trípode deberás utilizar un disparador remoto para no tocar la cámara al tomar la foto.

Ahora bien, una vez que sabemos esto ¿Cómo lo aplicamos a nuestras tomas? Lo que determina la velocidad de obturación adecuada es la cantidad de luz que pasa a través del objetivo. Variará dependiendo de la luz exterior y de la apertura de diafragma. Cuanta más luz entre más rápida deberá ser la velocidad de obturación para conseguir la exposición correcta. Sin embargo, vamos a centrarnos solamente en elegir la velocidad adecuada a la toma sin importarnos la luz que haya. Si lo que nos interesa es congelar movimientos rápidos o usamos distancias focales muy grandes, utilizaremos la velocidad más alta posible. En cambio, si lo que queremos es conseguir imágenes movidas, efecto seda en el agua, plantas… estelas de fuegos artificiales, rayos, etc. deberemos seleccionar velocidades más lentas. Ahora bien, aún siendo esto lo ideal, dependiendo de la luminosidad de nuestro objetivo y de la luz ambiente (y de la sensibilidad de la película o del sensor) tendremos un rango más pequeño de posibles velocidades de obturación. Lo más común es que, por falta de luz, no podamos utilizar velocidades de obturación lo suficientemente altas para que no nos salga movida la toma. Como referencia y para asegurarnos de no encontrar fotos trepidadas cuando lleguemos a casa, os diré que, para fotos hechas a pulso, debemos usar como velocidad de obturación la inversa de la distancia focal. Esto es: si estamos disparando con un objetivo de 200mm, seleccionaremos una velocidad de 1/200 de segundo o superior, si es con un angular a 16mm, 1/16 de segundo o superior.

Otro parámetro que podemos controlar para adaptarnos a las diferentes condiciones de luz es la sensibilidad del sensor o película. Se mide en números ISO (100 ISO, 200 ISO…), que es la norma que determina los estándares que rigen la capacidad del sensor para captar la luz. Cuanto más alto es el número, mayor es la sensibilidad y por tanto, absorbe más luz. Sin embargo, aumentar la sensibilidad tiene como inconveniente principal el aumento del “grano” en fotografía analógica (no tan antiestético e incluso intencionado y deseado) y el “ruido” en la fotografía digital. Aunque hoy en día las cámaras tienen una gestión del ruido excelente llegando a valores de 1600 ISO “sin despeinarse” no suele ser recomendable llegar a estos valores.

Menos común es el caso en el que nos sobra luz, bien sea porque queremos usar aperturas de diafragma muy grandes o porque queremos conseguir exposiciones largas cuando hay mucha luz.  La solución son los filtros de densidad neutra. Son cristales oscurecidos que se colocan delante del objetivo para reducir la luz que recibe el sensor. Se miden en pasos (pasos de diafragma) 1N, 2N… Equivalen a la reducción de luz que se produce al cerrar un paso, dos pasos… el diafragma.

En nuevas entradas intentaré profundizar más en algunos de estos conceptos, pero espero que ésta haya sido útil a los que empezáis a “pelearos” con vuestras cámaras.

Un saludo a todos.

Joaquín.

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